Todo empieza con un boceto sobre una foto de tu propio vehículo, para que veas cómo va a quedar antes de gastar un euro. Cuenta con una variación de en torno al veinte por ciento respecto a lo que ves en pantalla, porque el relieve y la curvatura de los plásticos deforman el dibujo, y eso una imagen plana no lo enseña.
A partir de ahí cambiamos lo que quieras: colores, nombres, marcas, el número que lleves. Cuando el boceto está aprobado se convierte en medidas reales y pasa a producción. Desde que arrancamos hasta que lo tienes puesto suelen ser entre diez y quince días laborables.
Los colores del boceto no son exactos. Cada pantalla los muestra de una manera, y nosotros trabajamos con los más vivos que da la máquina. Si un tono concreto es importante para ti, dínoslo antes de empezar. Imprimimos en un plotter Roland SG3-540 sobre vinilo 3M, con tintas ecosolventes y su laminado de protección encima.
Además del cambio estético, el vinilo protege la pintura original. El día que lo quites, la pintura de fábrica sigue intacta, siempre que sea la de origen y esté en buen estado. Dura tres años o más, y eso depende sobre todo de ti: las primeras cuarenta y ocho horas busca sombra para aparcar, y a partir de ahí un mal cuidado puede estropearlo en un solo día.